Llevar fruto: el método revolucionario (Juan 15)

17 Nov 2020 0 comentario

Llevar fruto. Escuchamos esa expresión regularmente… pero, por cierto, ¿en qué consiste? y sobre todo, ¿Cómo lo hacemos? ¡Vamos a recorrer Juan 15:1-8 para intentar descifrarlo! (Lee este capítulo antes de leer el artículo).

Un principio básico (v. 1-2)

En estos primeros 2 versículos, Jesús da un principio bastante simple de entender, usando una metáfora del mundo del vino.

Si llevamos fruto, llevaremos aún más después de ser podados.
Si no damos fruto, seremos cortados.

Y si dejamos de leer aquí… ¡no estamos muy tranquilos! Estar separados de Jesús da miedo.

Hay que mencionar algo importante: Juan escribe con el fin de fortalecer la fe de sus lectores y de asegurarles que tienen la vida eterna (Juan 20:31). Por lo tanto, nuestra salvación está a salvo en las manos de Dios. Este texto no es, ni una llamada a vivir con miedo, ni una llamada a «hacer para ganar» la salvación, ¡lo cual es contrario al Evangelio!

Pero entonces, ¿Cuál es el mensaje central del texto… y cómo hacer para llevar fruto?

Jesús revela la clave: QUEDARSE en Él (v. 5)

La clave para llevar fruto es muy simple, y aquí está el método revolucionario que quería compartirte: para dar fruto, debes permanecer en Jesús. ¿Te parece un mensaje básico? Es cierto, pero ten en cuenta que todo se reduce a esto. Permanecer en Jesús significa tener una comunión vital con Él, tener una relación con Él y estar unido a Él. Para eso, hay que ser beneficiario de su sangre derramada en la cruz. Debemos reconocer que no podemos salvarnos a nosotros mismos y que necesitamos su justicia. Cuando le confesamos nuestras faltas y lo reconocemos como nuestro Salvador, recibimos su perdón. El Espíritu Santo vive en nosotros y entonces podemos estar en comunión con Cristo, podemos permanecer en Él.

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer»

Juan 15:5

Si eres cristiano, si crees en la palabra de Cristo, entonces eres purificados y estarás entre los que permanecen en Jesús (Juan 15:3).

Y Dios no nos ha dejado sin herramientas, sino que nos ha dado varios medios para mantener esta comunión vital con el Salvador: la Biblia, la oración, el sacramento de la Santa Cena, etc. ¡Y es necesario usarlos en abundancia!

Este texto no es un llamado a no hacer nada, sino un llamado a hacer las cosas en el orden correcto: primero permanecer en Cristo viviendo una relación real con Él, para luego llevar fruto. Este es el pasaje obligatorio y es finalmente lo que Dios quiere: que estemos anclados a él y que crezcamos en la santificación.

La conclusión del relato y una conclusión práctica (v. 8)

Jesús concluye el relato diciendo que será glorificado si llevamos mucho fruto (Juan 15:8), y la condición para ello es permanecer en Él. Llevar fruto será una consecuencia directa de permanecer en Él, y será la prueba de que somos sus hijos.

No busquemos hacer, ante todo, como si nuestra salvación dependiera de nuestro activismo. Lo que glorifica a Dios es que permanezcamos en Él, porque esto nos llevará a actos que demostrarán nuestra pertenencia a Cristo. Es Dios quien produce en nosotros la fe, y es el Espíritu Santo quien nos convence de pecado. Tenemos por seguro que nos dará la nueva capacidad de servirle si permanecemos apegados a Él.

«No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios»

2 Corintios 3:5

Así que tratemos de servir a Dios con un espíritu de humildad, recordando que una relación vital con el Salvador nos lleva a las buenas obras… ¡pero que estas últimas no son la causa de nuestra seguridad!