Descubre las 5 solas: Soli Deo Gloria (Sólo a Dios sea la gloria)

30 Oct 2020 0 comentario

Terminamos la serie sobre los 5 principios bíblicos planteados durante la Reforma Protestante del siglo XVI. Estas son las 5 solas: Sola Scriptura (sólo la Escritura), Sola Gratia (sólo la Gracia), Solus Christus (sólo Cristo) y Sola Fide (sólo la fe). Aquí está el quinto y último: Soli Deo Gloria (Sólo a Dios sea la gloria).

¿Qué significa » Soli Deo Gloria» ?

El último de las 5 solas es el objetivo al que conducen los otros 4. Puesto que sólo Dios es el autor de nuestra salvación, y ha logrado todo por pura gracia, sin ninguna obra de nuestra parte, toda la gloria le pertenece.

Nuestros amigos de ToutPourSaGloire.com (TodoParaSuGloria) resumen el principio de Soli Deo Gloria, el último de los 5 principios propuestos por los reformadores:

«Soli Deo Gloria: sólo para la gloria de Dios. Todo fue creado por Dios y para Dios. Nuestra salvación, como todo lo demás, tiene el objetivo final de glorificar a Dios»

ToutPourSaGloire.com

No está saliendo de las cabezas de los reformistas. Se encuentra en la Biblia. Por ejemplo, después de haber expuesto el Evangelio a los romanos, en los primeros 11 capítulos de su carta, Pablo concluye así (hablando de Dios):

«Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén»

Romanos 11:36

El mundo existe para la gloria de Dios, no para la nuestra (Apocalipsis 4:11). Fuimos creados para la gloria de Dios, no para la nuestra (Isaías 43:7). Fuimos salvados para la gloria de Dios, no para la nuestra (Efesios 1:6, 12 y 14). Vivimos para la gloria de Dios, no para la nuestra (1 Corintios 10:31).

Darle gloria a Dios no es una compulsión, sino una alegre consecuencia de la gracia que hemos recibido de Dios. Es un efecto liberador de la salvación que Dios nos ha dado en Jesús.

Cuando nos sumergimos en las maravillas del Evangelio, la buena noticia de la gracia de Dios, nos damos cuenta de que todo viene de Él, todo está hecho por Él y para Él. Entonces podremos, con alegría y gratitud, ¡darle la gloria!

¿Qué significó en la época de la Reforma?

Uno de los felices avances de la Reforma relacionados con este principio, pero no el único, es el hecho de que cada creyente puede glorificar a Dios dondequiera que esté. En ese momento, había una clara separación entre lo sagrado y lo profano. Entre el clero y los campesinos. Entre el sacerdote y el zapatero. Pero la Reforma demostró, siguiendo la Biblia, que no existe una vocación inferior. El que hace zapatos glorifica a Dios no menos que el que predica la Palabra. No hay sustracción ni actividad despreciable. Cada creyente está llamado a brillar para la gloria de Dios en todo lo que hace, incluso si es un trabajo secular.

¿Qué significa eso hoy, en el siglo XXI?

De este principio se pueden extraer dos consecuencias para nosotros: una advertencia y un estímulo.

Una advertencia. Ponemos mucho énfasis en los hombres: líderes con carisma, pastores con estilo, grupos de culto que nos hacen vibrar. Pero recordemos que es Dios quien está en el centro, no el hombre. La predicación que escuchamos y los momentos de alabanza que experimentamos son para Dios, no para nosotros. Si Dios no está en el centro, entonces estamos robando su gloria. Queremos poner a alguien en el trono en su lugar.

Este peligro también está presente en nuestra vida personal como cristianos. ¿En función de quién organizo mi tiempo? ¿En función de quién gasto mi dinero? ¿En función a quién elijo mis estudios y mi futura profesión? ¿En función de mí? ¿De mis propios deseos? ¿O en función de Dios y del progreso de su Evangelio en el mundo? ¡Vivamos sólo para la gloria de Dios!

Un estímulo. Seamos conscientes de que no hay un llamado inferior. Cada creyente puede servir a Dios en su actividad, ya sea un pastor o un estudiante de derecho. Ya sea que esté predicando el Evangelio en un país extranjero o en la escuela secundaria. No importa dónde estés, puedes brillar y vivir sólo para la gloria de Dios. Aplicándose a su trabajo con todo su corazón, «y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3:23). Haciendo «Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo» (Filipenses 2:14-15). Así es como brillaremos como antorchas en el mundo, sólo para la gloria de Dios.

Auteur : La Reb

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