Descubre las 5 solas: Sola Fide (Sólo la fe)

29 Oct 2020 0 comentario

Para celebrar los 503 años de la Reforma, la Reb’ publica una serie de 5 artículos que presentan las convicciones planteadas por los reformadores en el siglo XVI: las 5 solas. Después de Sola Scriptura (sólo la Escritura), Sola Gratia (sólo la Gracia) y Solus Christus (sólo Cristo), ahora es la penúltima sola: Sola Fide (sólo la Fe).

¿Qué significa «Sola Fide»?

¿Cuál es el lugar de las obras en la salvación, comparado con el lugar de la fe? Esta es una pregunta que ha sido objeto de mucha tinta y que, según algunos, está en la base de la Reforma.

Martín Lutero dijo que la respuesta a esta pregunta, que se resume en la justificación por la fe solamente, es la doctrina por la cual la iglesia se sostiene o se cae – es una creencia fundamental.

Basándose en lo que la Biblia enseña, los reformadores declararon que es sólo por la fe que el hombre es declarado justo ante Dios. Las obras no contribuyen en nada a esta salvación. Esto es lo que vemos en la carta a los romanos: 

«Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley»

(Romanos 3:28)

Nuestras obras no se tienen en cuenta en el veredicto de Dios de que somos justos. Es sólo la fe en Jesús (ver también Romanos 3:21-26)1

Esta fe es efectiva por dos razones. Primero por la gracia que Dios nos da: la fe es un regalo de Él (Efesios 2:8). Nos lleva de estar espiritualmente muertos (Efesios 2:1) a estar vivos, por obra del Espíritu (Tito 3:5). Entonces, por la unión con Cristo. La fe salva porque nos une a Cristo que es puro, perfecto, justo.

Así, al poner nuestra confianza en Jesús, somos declarados justos ante Dios, completamente puros, tan justos como lo es Jesucristo. A los ojos de Dios, somos santos. Él perdona nuestros pecados. Se olvida de nuestras faltas. Nos ve como justos. No porque seamos justos en nosotros mismos, sino porque Jesús tomó nuestras faltas sobre sí mismo y nos cubrió con su perfección. Porque Jesús pagó lo que debíamos pagar, y nos dio lo que no teníamos: una vida perfecta. Este es el «intercambio alegre» del que habla Lutero.

¡Qué consuelo! ¡Gloria a Dios, nuestro Salvador, ¡por lo que ha hecho!

¿Qué significó en la época de la Reforma?

Como se ha señalado en artículos anteriores, los reformadores se opusieron a la enseñanza de la Iglesia Católica sobre cómo ser salvo. La Iglesia enseñó que las obras del hombre contribuían a la salvación. Uno tenía que creer, pero también tenía que hacer. Era imposible saber si se habían hecho suficientes trabajos, así que había que seguir adelante.

Esto es lo que Martín Lutero experimentó como monje. Hizo todo lo posible para ganar el favor de Dios y lograr una vida digna de los requerimientos de Dios. Pero fue en vano. Su vida cambió sólo cuando descubrió en la Biblia que la justicia de Dios es la justicia que Él da libremente al pecador que acepta, por fe, la salvación obtenida por Jesús (Romanos 1:17).

¿Qué significa eso hoy, en el siglo XXI?

503 años después, no podemos estar tentados a creer en la «salvación por obras». Sin embargo, tenemos que afirmar de nuevo, con los reformadores y basándonos en la Biblia, que el hombre es declarado justo sólo por la fe.

Puesto que hemos sido salvados por la fe solamente, independientemente de todas las obras, esto significa que nuestra salvación no depende de nosotros. Y si esta salvación no depende de nosotros originalmente, entonces tampoco depende de nosotros hoy en día, es Dios quien nos tiene en su mano (Juan 10:28-29). Esto no nos anima a ser perezosos, al contrario, queremos vivir con todas nuestras fuerzas para el Dios que tanto nos ha amado. Queremos rechazar la impiedad y vivir sabia y justamente por la gracia de Dios (Tito 2:11-14). Pero también queremos confiar en la bondad de Dios, que nos ha declarado justos independientemente de nuestras obras.

¡Y qué consuelo! Mis luchas y fracasos de hoy no afectan a este veredicto que Dios ha dado. Si he creído en Jesús, soy declarado justo a los ojos de Dios. Hoy y por toda la eternidad. ¡Gloria a Dios!

 1Sólo esta fe nos justifica, pero no se sostiene sola. Como muestra Santiago 2 en particular, esta fe produce obras en la vida del creyente – un corazón cambiado que lleva a una nueva vida. Estas obras no son la base de la salvación, sino la consecuencia. Estas obras nunca serán suficientes para hacernos justos ante Dios, sino que son el resultado del perdón que Dios nos ha dado y que hemos recibido sólo por la fe.

Auteur : La Reb

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