Descubre las 5 solas: Sola Gratia (Solo la Gracia)

27 Oct 2020 0 comentario

Continuamos descubriendo las 5 convicciones propuestas por los reformadores hace 503 años, que resumen los fundamentos de la fe cristiana. Después de Sola Scriptura (sólo la Escritura), hoy descubrimos juntos Sola Gratia (sólo la Gracia).

Sola Gratia es una de las 5 convicciones planteadas por los reformadores en el siglo XVI y que resumen las verdades fundamentales de la fe cristiana.

Sola Gratia significa que la salvación viene sólo de la gracia de Dios. Es un regalo de él, gratuito y no dependiente de ningún trabajo. Es el iniciador y autor de la salvación por pura gracia. Es un inmerecido favor de Dios hacia nosotros.

Podemos encontrar la fuente de este principio en este pasaje de Efesios, un pasaje muy conocido pero hermoso:

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe»

(Efesios 2:8-9)

La salvación es un regalo de Dios, que no depende de nuestras obras. No nos lo merecemos. Lo único que merecemos, por naturaleza, es la ira de Dios. Porque el pecado que cometemos es grave. Es una ofensa a Dios. Él es Santo. Así que merecemos una justa, terrible y eterna condena. El infierno. Dios tiene razón al condenarnos allí, porque no hemos vivido como debíamos.

Pero si la condenación es grande, la solución dada por Dios es aún mayor. Aunque no nos debía nada, Dios, por amor, eligió mostrar su compasión. Elige darse a sí mismo para salvarnos, en Jesús, «quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Tito 2:14) Dios nos elige y nos salva. Todo esto por pura gracia.

«Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús»

Romanos 3:23-24

No, no nos salvamos por ninguna obra de nuestra parte, sino sólo por la obra de Jesucristo en la cruz. Sólo por gracia.

¿Qué significó en la época de la Reforma?

En el siglo XVI, la mayoría de la gente vivía con un gran temor a la muerte. La peste era rampante en muchos lugares de Europa, y la muerte era una realidad diaria para ellos. Eran conscientes, hasta cierto punto, de la santidad de Dios y de la realidad de su juicio. Estaban aterrorizados por ello, conscientes de su imperfección.

Muchos creyeron entonces que el esfuerzo humano sería suficiente para ganar el favor de Dios. Lo que la Iglesia Católica enseñó, y sigue enseñando, es que la gracia fue la ayuda de Dios para ayudarnos a trabajar por nuestra salvación. Fueron nuestros esfuerzos, junto con la gracia de Dios (vista como la ayuda de Dios), lo que pudo hacer al hombre justo ante Dios.

Los reformadores, incluyendo a Martín Lutero, se opusieron a esto, afirmando que la Biblia enseñaba que uno se salvaba por la gracia, y sólo por la gracia. No por la gracia y las obras humanas. No por la gracia y la ayuda de la Iglesia. No por la gracia y cualquier otra cosa que venga del hombre. Pero sólo la gracia de Dios: el favor que Dios nos muestra cuando no lo merecemos.

No debemos merecer nada para ser salvos, pero con gratitud recibimos la gracia que Dios nos da en Jesús. Es esta gracia la que nos salva y la que producirá en nosotros obras bellas (Tito 2:11-14), como consecuencia y no como fuente de nuestra salvación.

¿Qué significa eso hoy, en el siglo XXI?

503 años después, todavía podemos, como la Biblia, afirmar que la salvación es un regalo inmerecido de Dios.

Nadie se salvará por haber nacido en una familia cristiana. Nadie se salvará porque asistió a todas las reuniones del grupo de jóvenes. Nadie se salvará porque haya hecho tanto bien en su vida. Todo el bien que hacemos nunca podrá quitarnos el mal que ya hemos hecho. Lo que necesitamos es sólo la gracia de Dios.

Esa gracia nos hace agradecidos, porque Dios ha hecho lo que nosotros nunca podríamos haber hecho. Nuestro pasado es perdonado y nuestra eternidad es cambiada. Al creer en Jesús, podemos ser salvos. ¡Gloria a Dios!

¿Has conocido alguna vez esta gracia?

Auteur : La Reb

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