¿Cuál es el papel de las tres personas de la trinidad en la salvación?

13 Oct 2020 0 comentario

Sabemos que la salvación viene de Dios, y que no hay otro nombre que pueda salvarnos excepto Jesús (Hechos 4:12). Las tres personas de la Trinidad trabajan en unidad para traernos la salvación. Así que veremos el papel de estas tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

El Padre

Dios Padre eligió quién se iba a salvar según su buena voluntad. Nos predestinó a ser sus hijos por adopción y a ser semejantes a su Hijo (Romanos 8:29; Efesios 1:4-5). No nos eligió por nuestras obras, sino solamente por gracia y por su gran amor. Además, es Él quien envía al Hijo cuando llega el momento (Gálatas 4:4), para que venga a salvar al mundo.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Juan 3:17.

Además, Dios Padre envió al Espíritu Santo a nuestras vidas (Juan 14:16-17).

El Hijo

El papel del Hijo es hacer la voluntad del Padre (Juan 6:38). Gracias a su obediencia y perfecta justicia, podemos ser salvos por la fe (Efesios 2:8). A través de su sufrimiento y muerte en la cruz, tomó lo que merecíamos. Él llevó la carga de nuestros pecados (1 Pedro 2:24). Todos merecíamos la muerte, porque todos hemos pecado, y la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23). Deberíamos haber soportado la ira de Dios. Pero Cristo nuestro Salvador sufrió toda la ira de Dios en lugar de aquellos que Dios Padre había elegido. Jesús se hizo hombre para reconciliarnos con Dios. Gracias a su encarnación, su vida de perfecta obediencia, su muerte en la cruz y su resurrección, concede la vida eterna a todos aquellos que el Padre le ha dado (Juan 17:2).

El Espíritu Santo

El trabajo del Espíritu Santo es regenerarnos, darnos nueva vida (Juan 3:8). Él regenera a aquellos por los que Cristo murió. Sin esta regeneración no podríamos tener fe. Estábamos muertos en nuestros pecados y como éramos esclavos del pecado, no podíamos elegir a Dios. Esta fe es un regalo de Dios (Efesios 2:8-9). Además, el Espíritu Santo habita en nosotros y nos santifica. Él trabaja en nuestros corazones para que deseemos obedecer a Dios (Filipenses 2:13). Finalmente, es el Espíritu Santo quien nos permite perseverar en la fe, ya que hemos sido sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1:13).

«Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas».

1 Pedro 1:2

En conclusión, los tres miembros de la Trinidad trabajan en perfecta unidad y podemos ver que la salvación viene completamente de Dios, no del hombre. Como bien dijo el famoso teólogo Jonathan Edwards:

“No contribuyes en nada a tu salvación excepto por tu pecado que la hizo necesaria”.

Jonathan Edwards
Auteur : La Reb

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